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Los 8 mejores cuentos que no te puedes perder: el relato corto como expresión de lo cotidiano




El calor de este verano me aplasta como a un cascarudo. Y me deja patas para arriba. Moviendo mis extremidades de forma lastimosa.
Este verano he prescindido de la playa por cuestiones pecuniarias. Eso me ha servido para muchas cosas. Primero para hacer un uso y abuso de la piscina municipal y para que me dedique a leer y a escribir con más ahínco. La verdad es que las dotaciones del pueblo son impecables. De momento, no tengo quejas y eso que vengo de una gran ciudad acostumbrada a ciertas comodidades.
Este verano lo he dedicado al relato corto. La novela que estoy preparando está en manos de mis beta readers que están a pleno rendimiento. Eso me hace esperar más de lo que me gustaría pero me sirve para encarar otros desafíos. A modo de aprendizaje y disfrute, me he puesto a leer cuentos y relatos cortos. Siempre he dicho que el formato de la historia corta me parecía insuficiente. Si la historia es buena y te engancha, no quieres que se acabe y, si es aburrida, la dejas. 
En fin, tengo que anunciar que he cambiado de opinión.
El relato gobierna nuestra vidas. Nos persigue. ¿Quién no tiene una anécdota para contar? ¿Algo que comentar? ¡Es hermoso!  Vivimos rodeados de pequeñas historias.
Además, hay algo intangible en leer un relato corto. En estos días en que no tengo mucho tiempo para dedicarme a escribir, me doy cuenta de que los cuentos me acompañan a todos lados. Cualquier minuto suelto. Cualquier espera es buena ocasión para leer una historia. Es fácil compatibilizar con la subyugante vida familiar en verano en el que no hay colegio ni campamentos posibles.
Así que al final he podido leer y escribir más de lo que esperaba. Tengo una sensación rara. Como un subidón de adrenalina después de leer ciertos cuentos. Una alegría. Una energía especial.
He elaborado mi top 8 de cuentos hermosos que he leído estas semanas. Autores que he descubierto, otros que he releído. Historias que tenía olvidadas. El relato corto es una buena herramienta para aprender a escribir. Creo que nos acerca a lo cotidiano de una manera que no lo hace la novela. Y me encuentro en un punto en el que a veces necesito relatar algo pequeño pero significativo. Ahí no necesito a la novela. Necesito el cuento. 
 Tómelo como una recomendación para el verano. Todos los libros que cito se pueden sacar de la biblioteca. Están en colecciones de bolsillo o un buen amigo que no le importe desprenderse de un libro seguro que se lo puede prestar. No hay excusa para no leer excepto tener algún plan playero y sin hijos. Pero antes, algunas premisas.
Que le pido a un relato corto:
·         Que me enganche.
·         Que me conmueva.
·         Que me descubra algo nuevo y al mismo tiempo que me lleve a emociones conocidas.

Y antes de comenzar, una nota metodológica. Me he basado en una lista bastante extensa de autores pero dejo para otra vez seguir investigando otros clásicos. Lo aclaro porque mas de uno me apuntará autores que no aparecen en esta lista. Chicos, el tiempo es limitado.
Aquí vamos.
Esta fue mi montaña en el verano. Falta alguno más que agregué a última hora. Y otros que descarté. 

1.       El invitado del día de acción de gracias de Truman Capote. Está editado en Anagrama en el libro  Cuentos completos. Los relatos cortos de este autor no son lo más conocido pero debo decir que a mí me maravillaron mucho más que sus obras más famosas con las cuales no he podido enganchar. Me refiero a Desayuno en Tiffany’s y A sangre fría. Me costó elegir un relato porque este libro es alucinante y cada uno tiene algo especial. Huele a memorias de infancia. Algunas son historias casi infantiles pero esta que cito me encantó especialmente porque tiene los tres ingredientes que mencioné antes. Atrapa desde el primer momento y te lleva a terrenos emocionales nuevos y conocidos.
2.       Dile a las mujeres que nos vamos de Raymond Carver. Por Dios. Qué desasosiego con  Principiantes. Con este libro me pasó como con Capote. Cada cuento supera al anterior y me costó decidirme. He elegido este porque me dejó bastante jodida por un tiempo. Tiene una imagen casi cinematográfica de la historia. Engancha. Da hasta repulsión seguir leyendo pero no puedes parar. De los mejores cuentistas que he leído. Dicen que su editor modificó mucho sus originales. Me da igual de quien sea el mérito. Si mejoró la obra, adelante. Carver es de lectura obligada. También me gustó lo que transmite esta historia: la banalidad del mal. Eso, es en sí mismo, es escalofriante.
3.       La gallina degollada de Horacio Quiroga. Cuentos de amor de locura y de muerte es un libro desigual. Los primeros relatos son netos, van al grano y enganchan. Y este que cito es un buen ejemplo de ello. Además, tiene un punto dramático y te deja dado vuelta un rato largo. Las imágenes de este cuento son muy potentes y transmiten mucho en pocas palabras. Luego hay otros (como Los mensú) que son un plomazo. Demasiados localismos. Digresiones que solo entorpecen la trama, etc. Pero solo por este cuento merece estar en esta lista. Quiroga parece despiadado cuando escribe y eso mola mucho.
4.       Junto al lecho de Guy de Maupassant. Este cuento está integrado dentro de Un día de campo y otros cuentos galantes (Ed. Alianza). Un hermoso recopilatorio de historias alegres y amorosas entre miembros de la clase alta parisina. La historia es simplemente un dialogo entre un marido y su mujer y en pocas páginas es capaz de esbozar el talante de cada uno de los personajes así  como las convenciones sociales de la época. Tiene una forma de narrar cercano a lo infantil. Es como si contara las historias a un niño. Eso me gusta.  
5.       El otro hijo de Luigi Pirandello. Esta historia dramática me pareció tan real como conmovedora. El dolor de una madre. La situación de pobreza y precariedad de la Italia de entonces. La diferencia de clases. En pocas páginas Pirandello lo junta todo y hace una obra de arte. Este cuento está integrado en su segundo tomo de Cuentos para un año (Nordica libros) y me pasó como con Horacio Quiroga. El libro es muy desigual. Algunos son un plomazo y no logran el ritmo que uno le pide al relato corto.
6.       Bola de sebo de Guy de Maupassant. Debo decir que esta historia integrada en Bola de sebo y otros relatos (Ed. Losada) tiene una redacción un tanto farragosa al comienzo. Cuesta situarse. La guerra. Las convenciones. La hipocresía de los vencidos. Pero una vez en carrera esta historia termina siendo hasta conmovedora. Recomendable al 100%.
7.       Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges. Dudé mucho en incluir este cuento. Lo había leído de adolescente cuando una profesora se enojó conmigo porque me quejé de que nos dieran Borges. En esa época tenía poca paciencia y lo único que quería era largarme del colegio en cuanto sonara el timbre. Leer a Borges esperando a que suene el timbre es lo peor que puedes hacer. Y tampoco creo que el colegio sea el lugar idóneo para leer este autor. En general, no me gustan las historias que hacen alarde de erudición. A mí me parece que Borges fue un filósofo frustrado. Con muchas ideas interesantes acerca de la vida pero sin capacidad para conmover al gran público y yo me considero eso (soy la chusma, la plebe). No soy una erudita ni me interesa hacerlo. En fin, después de esta parrafada que no venía a cuento digo que al final tuve que leer y comentar este texto en clase y la verdad es que me gustó. Le encontré la vuelta aunque no puedo decir que su lectura sea placentera. Lo incluyo en esta lista porque la idea que quiere transmitir tiene un punto inquietante que merece la pena destacar. Solo por eso merece estar entre los mejores.
8.       El 3 de septiembre de Giovanni Papini. Este cuento dentro del libro Palabras y sangre es de lo poco que se salva. La verdad es que Papini es poético y simple escribiendo. Tiene un toque filosófico que a veces puede cansar. Es decir, no parece que quiera entretener sino buscar la verdad a través de la literatura. Este relato es minimalista y hermoso y me gustó porque rompe un poco con la estética de los americanos. Acá hay florituras y metáforas. Un lenguaje rico.

Bueno. Eso es todo por el momento. Abandono momentáneamente el relato corto pero volveré más adelante con más. Tengo pendientes a grandes hombres cuentistas como Cortázar, Dostoievski, Kundera, Fuentes. En fin, no doy abasto pero esta temporada de historias ha sido maravillosa y me ha servido para descubrir mi propia escritura de otra manera.
Disfrute lo que quede de verano (o de invierno según convenga). Yo ahora me paso al lado oscuro. A corregir como una loca. Y a seguir disfrutando de la literatura.

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